La Resurrección y la Vida: ¿Qué Significa Creer en Jesús?
La Pregunta que Nos Despierta
A menudo, nuestra vida cotidiana nos absorbe por completo. Nos levantamos temprano para trabajar, cumplir con nuestras responsabilidades y perseguir nuestros objetivos, y lo hacemos con una energía que a veces nos falta para nuestra vida espiritual. Nos esforzamos para lo terrenal, pero ¿dónde queda nuestro fervor por lo celestial? El mensaje de hoy nos invita a reflexionar sobre esta disyuntiva, llevándonos a una verdad fundamental que a menudo damos por sentada: ¿Qué es la vida? No solo el simple acto de respirar, sino la vida con un significado profundo y eterno, una vida que proviene de una fuente sobrenatural.
La vida, como la energía que mueve una máquina, nos fue dada por Dios. Los ventiladores y las bombillas funcionan por una energía externa; cuando se desconectan, se apagan. De la misma manera, nuestra vida espiritual depende de una fuente de energía que no es de este mundo: Dios. Jesús mismo afirmó ser esta fuente, esta "energía" divina. Pero más allá de solo darnos la vida, Él nos ofrece algo aún más poderoso y trascendental. Nos lleva de la mano a un encuentro íntimo con la fe, un encuentro que nos revela su identidad como la resurrección misma.
La Resurrección: Más Allá de lo que Marta Imaginaba
En la conocida historia de Lázaro, narrada en Juan 11:23-27, Jesús confronta a Marta con una verdad que desafía su lógica. Cuando Jesús le dice: "Tu hermano resucitará", la respuesta de Marta es un reflejo de nuestra propia mentalidad limitada: "Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero". Ella tenía una creencia futura, una esperanza en un evento lejano. Jesús, sin embargo, le presenta una verdad presente y personal: "Yo soy la resurrección y la vida". En ese momento, Marta no logra conectar la promesa futura con la persona que tenía delante.
Este pasaje es una lección para nosotros. Muchas veces, nuestra mente está tan ocupada con nuestros problemas, preocupaciones y expectativas de cómo Dios debe actuar, que no logramos discernir lo que Él está haciendo en el realidad. Marta estaba enfocada en el problema, en la muerte de su hermano, en la creencia de que si Jesús hubiera llegado antes, Lázaro no habría muerto. Su enfoque estaba en el "hubiera", en el pasado que no se podía cambiar. Sin embargo, Jesús había esperado precisamente para manifestar un milagro tan grande que nadie pudiera negarlo, un milagro que demostraría que Él es el Señor de la vida y de la muerte, y que su resurrección no es solo un evento futuro, sino una realidad presente y poderosa.
La Resurrección como Victoria y Garantía
La afirmación de Jesús, "Yo soy la resurrección", no es una simple declaración. Es una afirmación de soberanía y poder absoluto sobre la muerte. Es un acto que desafía a la tumba y la anula. La resurrección es la victoria sobre la muerte, y al ser Él la resurrección, Jesús mismo encarna esa victoria. Cuando fue sepultado, la tumba no pudo retenerlo; tuvo que vomitar a la vida. Esta victoria de Jesús es la garantía de nuestra propia resurrección. Él es la primicia, el que nos asegura que, si creemos en Él, aunque muramos físicamente, viviremos eternamente.
Esta verdad no era ajena a los creyentes del Antiguo Testamento. Hombres como Job, los salmistas e Isaías ya vislumbraban esta esperanza. Job dijo: "Yo sé que mi Redentor vive y al fin se levantará sobre el polvo" (Job 19:25). Isaías profetizó que Dios "destruirá a la muerte para siempre" (Isaías 25:8). Aunque no tenían el mismo conocimiento explícito del Nuevo Testamento, su fe les permitió ver más allá de la muerte terrenal, reconociendo la promesa de una vida futura y un cuerpo vivificado. Esta promesa, que fue un misterio para muchos, se hace una realidad palpable en Cristo.
¿Estás Seguro de tu Fe?
La historia de Lázaro y la confrontación de Jesús con Marta nos invitan a examinar la solidez de nuestra propia fe. Jesús le preguntó a Marta: "¿Crees esto?" Y ella, aunque afirmó creer, aún tenía su entendimiento limitado. Él buscaba que ella no solo creyera en la resurrección como un concepto teológico, sino que creyera en Él como la encarnación de esa promesa.
Hoy, Jesús nos hace la misma pregunta. ¿Crees que Él es la resurrección y la vida? No es suficiente creer en la resurrección como un dogma; necesitamos creer en el Resucitado, en el que tiene el poder para transformar nuestra vida, ahora y en la eternidad. La victoria de Jesús sobre la muerte no fue un evento aislado, sino la garantía de que nosotros, sus seguidores, también tenemos esa victoria. Nos levantaremos con un cuerpo glorificado, libre de dolor y corrupción, para vivir con Él para siempre.
Hoy, el llamado es a pasar de una creencia intelectual a una convicción personal y profunda. Agradece a Jesús por su sacrificio, porque es la garantía de que la muerte no tiene la última palabra. Si sientes que tu fe necesita ser fortalecida, pídele que te dé seguridad, convicción y paz. Que tu vida, ahora y por siempre, esté firmemente anclada en Aquel que es la Resurrección y la Vida.
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